Y otra noche más me puse música para acordarme de ti.
Solo hizo que mi corazón se partiera en más pedazos.
Otra vez.
Si.
Volví a coger mi almohada para llorar y gritar lo que nunca te dije.
Gritos que se ahogaron en la música que me recordaba a ti.
Gritos que pasaron a ser sollozos.
Sollozos y lágrimas en los ojos con las que termine durmiéndome,
mientras visualizaba tu silueta ente las sombras de mis parpados.
El dolor me ataco al pecho.
Directo.
Sin anestesia.
Y en lo único que me centre al final es en el sonido de la música que un día fue mi salvación,
y ahora no era mas que un recuerdo diáfano.
Intentando que no doliera tanto el impacto seco y severo,
que quería separar los trocitos pegados con celo de mi corazón.
Asique si,
me volví a refugiar en la melodía de tu voz,
ya que era mi única salvación.

